viernes, 24 de mayo de 2013


La biodiversidad, el consumo y la evolución

La Tierra ya no está en condiciones de soportar la presión ecológica que ejerce la humanidad. El resultado es una crítica extinción masiva de especies, la mayor acaecida desde la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años.
La pérdida de bosque primario por la expansión agrícola ganadera, la sobrepesca, la contaminación del agua, las especies exóticas invasoras y el cambio climático son algunos motivos específicos, pero la principal causa de destrucción es un sistema político-económico en el que la naturaleza no tiene un espacio asignado, su saludable existencia no tiene la menor importancia.
Sólo se toman medidas para preservar los recursos naturales si hay una ley que así lo indique, si hay una pena económica por no hacerlo. O si de alguna forma puede obtenerse un rédito económico a cambio.
Desde mucho antes de que el Hombre fuera Sapiens, la naturaleza lo ha provisto de alimentos, de todo lo necesario para curar sus enfermedades y de cuanto requirió para preservarse de cualquier factor de riesgo.
Hoy nos encontramos ante una instancia sin precedentes. Es la naturaleza la que está endeble y nosotros quienes contamos con los recursos necesarios para ayudarla a recomponerse. Podemos y debemos sanarla y protegerla si queremos que las futuras generaciones de seres humanos cuenten con un ambiente sano donde desarrollar sus vidas.
Mientras los gobiernos a instancias de las grandes multinacionales que se han adueñado de las decisiones, sigan subordinando la protección de la naturaleza a la economía, mientras ganar más y más dinero sea el principal objetivo, la naturaleza y nosotros como parte de ella, quedaremos en un segundo plano.
El cambio climático, la pérdida de diversidad biológica, la acidificación de los océanos; son todas ramas de un mismo árbol, con un mismo tronco y una misma raíz, el consumo excesivo e irresponsable.
Estamos siendo víctimas de nuestra propia estupidez, de no darnos cuenta que el modo de vida que se nos está imponiendo es algo totalmente ilusorio para nosotros. Que no somos los beneficiarios y que nuestros descendientes serán gravemente perjudicados.
Quienes han tomado las decisiones a nivel global, especialmente en las últimas décadas, han optado por poner todos los conocimientos adquiridos por la humanidad al servicio del crecimiento económico, del confort, de la reducción del esfuerzo físico y mental. Han decidido avanzar sin importarles las consecuencias, sin poner reparos en los costos sociales y ambientales de ese “progreso”.
Con las tecnologías actuales, la decisión sobre el desencadenamiento o no de un colapso ambiental, ha pasado a ser meramente política. Con mucho menos presupuesto que el que se invierte en armas, podría darse rápida solución al Cambio Climático que nos acecha y cuyos efectos pueden llegar a límites insospechados.
La única opción que tenemos es, entre todos, detener el derroche, disminuir los altos niveles de consumo, aprender a consumir de forma responsable y educar a las futuras generaciones para que continúen y profundicen esa tarea, para que avancen en ese cambio cultural y evolutivo, hacia un Ser Humano Sustentable.

Un afectuoso saludo,
Ricardo Natalichio

sábado, 4 de mayo de 2013


Gonzalo Andrade
Colectivo Novecento

Durante las próximas décadas la humanidad va a enfrentarse a innumerables problemas ambientales y sociales cuyas consecuencias pueden conducirnos al colapso global. Para evitar esta situación no solo es necesario poner en marcha determinadas acciones, sino también promover un profundo cambio social y político que enmarque las mismas y las haga realmente eficaces.

El cambio climático, la extinción acelerada de especies animales y vegetales, la degradación de la tierra cultivable, los cambios en el uso del suelo de regiones enteras, la dispersión de componentes químicos nocivos en el ambiente, la acidificación de los océanos y la escasez de agua potable son tal vez los problemas más importantes a los que se enfrenta la humanidad hoy en día. Todos estos problemas están interconectados entre sí, tienen importantes consecuencias en los sistemas naturales y socio-económicos del planeta, y su acción combinada puede dar lugar al colapso de la “civilización global” durante las próximas décadas. Por lo menos esto afirman Paul y Anne Ehrlich, ambos investigadores y docentes en la Universidad de Stanford (EEUU), en un esclarecedor artículo que ha sido publicado recientemente en la prestigiosa revista Proceedings of the Royal Society – Biological Sciences.
Estos autores nos recuerdan que tras los recientes fracasos de la agenda climática el mundo puede verse sujeto a un aumento de al menos 2,4°C en la temperatura media global hacia mediados del siglo XXI, lo que está por encima del límite de 2°C que hace una década era considerado como “seguro”. El cambio climático antropogénico está provocando un incremento en la frecuencia y la intensidad de eventos climáticos extremos tales como sequías, olas de calor, inundaciones y huracanes, que será aún mayor en el futuro. Ello podría tener importantes efectos en la producción agrícola, que también se encuentra amenazada por la progresiva erosión y degradación del suelo.
La agricultura actual es también excesivamente dependiente de los combustibles fósiles y enormemente ineficiente en el uso de fertilizantes, agua y energía, lo que está provocando un aumento de la contaminación ambiental y las emisiones de gases de efecto invernadero, y una reducción de las reservas de agua. P
or otra parte, el cambio en la dieta de varios países hacia un mayor consumo de proteínas animales está provocando la expansión de cultivos destinados a la producción de grano para el ganado. Ello se produce a costa de tierras fértiles que podrían utilizarse para alimentar a un mayor número de personas, o de áreas no agrícolas (bosques, sabanas, humedales) que proporcionan importantes servicios ambientales como la regulación del ciclo del agua y los climas locales y regionales. Aunque no están tan presentes en la agenda política no podemos olvidarnos de los problemas derivados de la presencia de químicos nocivos en el ambiente, así como de los crecientes riesgos epidemiológicos en muchas partes del mundo.
Todos estos problemas pueden verse amplificados por el progresivo incremento de la población mundial (que en 2050 puede alcanzar los 9.5 millones de personas) y el excesivo consumo de energía y alimentos por parte de ciertos países. A su vez, los problemas anteriormente señalados pueden tener importantes consecuencias socio-políticas como el desarrollo de conflictos bélicos por el control de recursos naturales y el aumento en el número de refugiados ambientales.
Para los autores de este artículo, la clave para mitigar muchos de los problemas anteriormente comentados y evitar el colapso de la civilización global está en la transformación de los sistemas de producción de alimentos y energía. Entre otras cosas es necesario restringir la expansión de nuevas zonas agrarias para preservar el capital natural aún existente, desarrollar políticas de conservación del suelo fértil, incrementar la eficiencia en el uso de fertilizantes, agua y energía, promover dietas basadas en un menor consumo de carne y reducir el desperdicio de comida. La equidad en la alimentación debe estar en el centro de la agenda política, y es necesaria una enorme inversión económica en investigación sobre agricultura y acuicultura sostenibles. También es importante tener en cuenta que en un futuro próximo los sistemas agrarios van a tener que enfrentarse a un clima más cambiante e impredecible que el actual, lo que hace necesario fomentar el ahorro de agua y desarrollar infraestructuras adecuadas para su almacenamiento y distribución.
Otra de las claves para evitar el colapso está en la limitación del crecimiento poblacional, un debate enormemente mediático durante los años 70 y prácticamente olvidado hoy en día. En los países empobrecidos es necesario profundizar en los programas de planificación familiar, en la lucha contra el fundamentalismo religioso y a favor de los derechos de la mujer. El triunfo del feminismo en el sur global tiene una enorme importancia no solo desde un punto de vista ético y social, sino también ambiental y económico.
Los países ricos deben limitar su excesivo consumo de recursos, un reto aún mayor y más difícil, dada la arraigada adicción cultural al crecimiento económico en las sociedades opulentas. Son estos países también los que tienen que liderar la puesta en práctica de soluciones a los problemas anteriormente mencionados mediante el fomento de la investigación científica. Sin embargo, esta debe centrarse mucho más en la búsqueda de soluciones y en llevar sus resultados a la agenda política. También es imprescindible fomentar la colaboración entre los científicos procedentes de las ciencias naturales con los procedentes de las ciencias sociales. Y dentro de estos últimos, los economistas tienen un importantísimo papel. A los economistas corresponde la tarea de contrarrestar el predicamento del libre mercado y los dogmas que han infectado esta disciplina académica durante las tres últimas décadas. Deben trabajar, además, por el desarrollo de sistemas económicos estacionarios, nuevos modelos económicos que reflejen la conducta irracional de grupos e individuos, y mercados basados en la información “simétrica” (igual) entre sus actores. Los economistas deben potenciar la lucha por la sostenibilidad y la equidad como los nuevos paradigmas de su disciplina.
Los autores de este trabajo conceden también una enorme importancia al ámbito cultural, social y político en el que se deben enmarcar estos cambios. Los seres humanos debemos luchar contra nuestra propia selección natural, que no nos ha hecho previsores frente a un medio ambiente cambiante, y ciertas medidas solo van a poder ser llevadas a cabo mediante una transformación social y política sin precedentes. También va a ser necesaria una fuerte cooperación internacional que sea capaz de adaptar las soluciones a los marcos culturales de las diferentes sociedades. Paul y Anne Ehrlich terminan con una llamada urgente a la valentía, el esfuerzo, la ética y la solidaridad. El momento para llevar a cabo una reestructuración profunda del sistema socio-económico, afirman, es ahora, y si no lo hacemos la naturaleza lo hará por nosotros.
Gonzalo Andrade, del Colectivo Globalízate
http://entrerioslibredefrackingchajari.blogspot.com.ar/2013/05/como-podemos-evitar-el-colapso-de-la.html#comment-form

miércoles, 1 de mayo de 2013


1º de mayo - DÍA DEL TRABAJADOR


lunes, 29 de abril de 2013





"MENSAJE DE LAS ABEJAS"

Este es el título de un documental japonés que comienza describiendo la mortandad de abejas que provocan las fumigaciones con neonicotinoides en JAPON (aplicación foliar de los productos);

luego explica en forma gráfica cómo es el mecanismo de estos neurotóxicos;

más adelante enumera los Límites Máximos Permitidos de residualidad de los mismos enPeras, Manzanas, Lechuga arrepollada, Brócoli, Uvas, etc, en la Unión Europea, Estados Unidos y Japón;

al respecto, plantea una residualidad de entre uno y dos meses del tóxico y su penetración en los vegetales de tal manera que es imposible sacarlo por lavado y a su vez plantea una dificultad analítica importante a la hora de preparar los muestreos;

finalmente describe las distintas enfermedades neuronales que provoca en humanos adultos pero particularmente en niños y fetos por inmadurez o ausencia de barreras hematocefálicas. "Ya es tarde", el daño provocado es irreversible, dice el investigador que plantea el resultado de 10 años de investigación pero, debemos pensar en el futuro.

El documental, subtitulado en inglés, dura aproximadamente una hora. Esta amenizado con una buena música de fondo y con paisajes, imágenes y gráficos muy ilustrativos.

Los Neonicotinoides serán sometidos al veredicto de la Comisión Europea el próximo lunes 29 de abril y los apicultores del mundo esperamos que sean prohibidos. Por eso fomentamos toda campaña que tienda a su prohibición más allá del dueño de la "campana".

Link del video "MENSAJE DE LAS ABEJAS" http://www.youtube.com/watch?v=BaqPNmk1kZY&feature=share

jueves, 11 de abril de 2013


CÓMO OPERAR LA TRANSICIÓN DEL VIEJO AL NUEVO PARADIGMA

leonardo_boff.jpgDamos por ya realizada la demolición crítica del sistema de consumo y de producción capitalista con la cultura materialista que lo acompaña. O lo superamos históricamente o pondrá en gran riesgo la especie humana.

La solución para la crisis no puede venir del propio sistema que la provocó. Como decía Einstein:"el pensamiento que creó el problema no puede ser el mismo que lo solucionará". Estamos obligados a pensar diferente si queremos tener futuro para nosotros y para la biosfera. Por más que se agraven las crisis, como en la Eurozona, la voracidad especulativa no la enfría ni la arregla.
Lo dramático de nuestra situación reside en el hecho de que no disponemos de ninguna alternativa suficientemente vigorosa y elaborada que venga a sustituir el actual sistema. Ni por ello, debemos desistir del sueño de un otro mundo posible y necesario. La sensación que vivimos fue bien expresa por el pensador italiano Antonio Gramsci:"el viejo resiste en morir y el nuevo no consigue nacer".

Pero por todas las partes en el mundo hay una vasta siembra de alternativas, de estilos nuevos de convivencia, de formas diferentes de producción y de consumo. Se proyectan sueños de otro tipo de geosociedades, movilizando muchos grupos y movimientos, con esperanza de que algo de nuevo podrá eclosionar en la protuberancia del viejo sistema en erosión. Ese movimiento mundial gana visibilidad en los Fórums Sociales Mundiales y recientemente en la Cúpula de los Pueblos por los derechos de la Madre Terra, realizada en abril de 2010 en Cochabamba Bolivia.

La historia no es lineal. Ella se hace por rupturas provocadas por la acumulación de energías, de ideas y de proyectos que en un momento dado introducen una ruptura y entonces el nuevo irrumpe con vigor a punto de ganar la hegemonía sobre todas las otras fuerzas. Se instaura entonces otro tiempo y empieza una nueva historia.

Hasta que esto no ocurra, tenemos que ser realistas. Por un lado, debemos buscar alternativas para no quedar rehenes del viejo sistema y, por otro, estamos obligados a estar dentro de él, continuar y producir, sin embargo visualizar las contradicciones, para atender las demandas humanas. En caso contrario, no evitaríamos un colapso colectivo con efectos dramáticos.

Debemos, por lo tanto, andar sobre las dos piernas: una en el suelo del viejo sistema y a otra en el nuevo suelo, dando énfasis a este último. El gran desafío es como procesar la transición entre un sistema consumista que estresa la naturaleza y sacrifica las personas y un sistema de sustentación de toda vida en armonía con la Madre Terra, con respeto a los límites de cada ecosistema y con una distribución equitativa de los bienes naturales e industriales que hubiéremos producido. Cambiando ideas en Cochabamba con el conocido sociólogo belga François Houtart, uno de los buenos observadores de las actuales transformaciones, convergemos en estos puntos para la transición del viejo para el nuevo.

Nuestros países del Sur deben en primero lugar, luchar, todavía dentro del sistema vigente, por normas ecológicas y regulaciones que preserven lo más posible los bienes y los servicios naturales o trate su utilización de forma socialmente responsable.
En segundo lugar, que los países del gran Sur, en especial Brasil, no seamos reducidos a meros exportadores de materias primas, Debemos incorporar tecnologías que den valor agregado a sus productos, crear innovaciones tecnologías y orientar la economía para el mercado interno.
En tercer lugar, que exijan de los países importadores que contaminen lo menos posible y que contribuyan financieramente para la preservación y regeneración ecológica de los bienes naturales que importan.

En cuarto lugar, que instauren una legislación ambiental internacional más rigurosa para aquellos que menos respetan los preceptos de una producción ecológicamente sostenible, socialmente justa, aquellos que se relajan en la adaptación y en la mitigación de los efectos del calentamiento global y que introducen medidas proteccionistas en sus economías.
Lo más importante de todo, sin embargo, es formar una coalición de fuerzas a partir de gobiernos, instituciones, iglesias, centros de investigación y pensamiento, movimientos sociales, ONGS y todo tipo de personas alrededor de valores y principios colectivamente divididos, bien expresados en la Carta de la Tierra, en la Declaración de los Derechos de la Madre Tierra o en la Declaración Universal del Bien Común de Tierra y de la Humanidad (texto básico del incipiente proyecto de la reinvención de la ONU) y en el Bien Vivir de las culturas originarias de las Américas.

De estos valores y principios, se espera la creación de instituciones globales y, quien sabe, se organice la gobernanza planetaria que tenga como propósito preservar la integridad y vitalidad de la Madre Tierra, garantizar las condiciones del sistema-vida, erradicar el hambre, las enfermedades letales y forjar las condiciones para una paz duradera entre los pueblos y con la Madre Terra.

Leonardo Boff es Teólogo, filósofo, escritor, profesor, ecologista brasileño. Es doctor Honoris Causa en Política por la Universidad de Turín (Italia) y en Teología por la Universidad de Lund (Suecia), y ha sido galardonado con varios premios en Brasil y en el exterior por su lucha a favor de los débiles, oprimidos y marginados, y de los Derechos Humanos. El 8 de diciembre del 2001 le fue otorgado en Estocolmo el Right Livelihood Award, conocido también como el Nóbel Alternativo.

domingo, 7 de abril de 2013



La comunalidad como forma de vida y resistencia

Sistema cultural indígena zapoteca de vivir en armonía con la naturaleza coincide con el concepto del Buen Vivir andino.


Por Ana Lilia Esquivel Ayala, desde Oaxaca
En la Sierra Juárez, estado de Oaxaca, en el sur de México, se vive la “comunalidad”. El pensador indígena zapoteco Jaime Martínez Luna, en su libro Eso que llaman Comunalidad (2010), explica: “Somos comunalidad, lo opuesto a la individualidad, somos territorio comunal, no propiedad privada; somos compartencia, no competencia; somos politeísmo, no monoteísmo. Somos intercambio, no negocio; diversidad, no igualdad, aunque a nombre de la igualdad también se nos oprima. Somos interdependientes, no libres. Tenemos autoridades, no monarcas. Así como las fuerzas imperiales se han basado en el derecho y en la violencia para someternos, en el derecho y en la concordia nos basamos para replicar, para anunciar lo que queremos y deseamos ser”.
El territorio es el espacio físico donde se yergue la comunidad, la relación con la naturaleza es especial, mágica, espiritual, pues se sabe que la vida depende de esa armonía entre seres humanos y naturaleza. Está constituido por bienes naturales y bienes sagrados, es la base de la reproducción física y social; es el sitio principal para el buen desarrollo de la cultura comunitaria.
La forma de organización social y política ha sido establecida de tal manera que cuenta con la participación de la totalidad de sus integrantes para la toma de decisiones. Se reúnen en la Asamblea General de Ciudadanos —considerada como el espacio que representa la máxima autoridad en la comunidad—, donde hombres y mujeres expresan libremente su opinión para llegar a consensos en beneficio de la comunidad. El consejo de ancianos o cuerpo de caracterizados (grupo designado por la Asamblea General, integrado por ciudadanos que desempeñaron de forma destacada algún cargo dentro de la comunidad), resulta ser un espacio de consulta y opinión, donde la experiencia y saberes guían y orientan el camino a seguir. Los cargos a desempeñar se deciden y asignan en la Asamblea General; así, nacen tanto autoridades comunales, como comisiones y comités integrados por los habitantes de la comunidad. La elección de autoridades se fundamenta en el prestigio y por consiguiente en el trabajo. La realización de cargos o desempeños públicos no conlleva un beneficio económico, pero trae consigo prestigio y confianza que va ascendiendo según la jerarquía del puesto que se desempeñe.
La resistencia de los pueblos indígenas-campesinos de la Sierra Juárez ha permitido que se conserven valores y principios de complementariedad y reciprocidad dentro de un ambiente armonioso que se ha visto socavado y violentado por la presencia de prácticas capitalistas caracterizadas por el control y depredación que ejercen sobre los bienes naturales y la violencia hacia comunidades de la región. Dicha resistencia, motivada por la historia de cada comunidad, ha conducido a que estos pueblos tengan mayores posibilidades de alcanzar y/o mantener el bienestar y la felicidad, aquello que llaman comunalidad (o vida comunitaria) y que empata muy bien con la idea del Buen Vivir proveniente del pensamiento andino.
Identidad con la Madre Tierra
Santa Catarina Lachatao, comunidad de origen zapoteco, localizada en la Sierra Juárez, representa un claro ejemplo del reencuentro entre el ser humano y la naturaleza. En épocas pasadas, esta comunidad decidió explotar sus bienes naturales. La tala de árboles llegó a ser una de las principales actividades económicas de la comunidad.
Sin embargo, hoy en día, el camino es diferente. Juan Santiago Hernández, expresidente municipal y ahora representante comunal, explica a Noticias Aliadas, que la relación que existe con la naturaleza es de armonía. Para él, la Madre Tierra es parte de su identidad.
“Si tenemos tierra y la cuidamos, vamos a seguir existiendo”, dice. “Todo es una armonía con el suelo, el agua, el aire. La naturaleza es lo más importante para nosotros; es la vida”.
La sensibilidad hacia la naturaleza, dentro del vivir comunitario, se está transmitiendo a los niños. Verónica Hernández Cruz, asistente del Comité de Ecoturismo de la comunidad, señala: “Ahora estamos trabajando unas actividades con los niños, de llevarlos al bosque, porque deben sentirlo, vivirlo, de tal manera que se vayan dando cuenta de las consecuencias de no cuidar y respetar a la naturaleza. Les enseñamos lo que es la flora y la fauna. También mediante la realización de talleres queremos transmitirles la intención de seguir conservando lo que la naturaleza nos da”.
La actividad forestal, si bien trajo beneficios económicos importantes durante un corto periodo, ha dejado un gran vacío irreversible en el paisaje natural de la comunidad. Ahora, Santa Catarina Lachatao, mediante un rescate de su propia historia, ha ido construyendo y trabajando alternativas que conduzcan al bienestar y felicidad de la comunidad, pero siempre manteniendo un equilibrio con la naturaleza. Actividades como la agricultura —cultivo de maíz, frijol, chícharo, trigo, haba y calabaza— y el ecoturismo están siendo generadoras de ingresos económicos, pero no nublan el principio de conservación y buen manejo de los bienes naturales.
El proyecto de ecoturismo ofrece a los visitantes una verdadera convivencia con la naturaleza. Hernández Cruz nos comenta que las actividades que se realizan para el buen funcionamiento del proyecto van desde tratamiento de aguas residuales hasta reciclado de desechos y captación de agua de lluvia. Asimismo, para la construcción de cabañas, se utilizan materiales como el adobe y la teja con el fin de que el impacto hacia la naturaleza, sea mínimo.
Preservar el bosque
Por su lado, Santiago Hernández, recuerda: “Los abuelos nos hablaron de la armonía con la naturaleza; ellos nos dicen que antes había mucha agua, que antes iba uno al bosque y escuchaba aves y otros animales. Ahora vamos y el bosque está más seco, ya no encontramos las aves ni los animales que ellos veían. Por eso sabemos que sí se debe tener un respeto a la naturaleza. Pensamos también en las futuras generaciones, pues ellos nos dirán que nosotros tuvimos la oportunidad de conservar el bosque y de poner un alto a la explotación; y quizá piensen que por dinero, seguimos explotando y acabando con la naturaleza. Más bien queremos que digan que pusimos un alto, que intentamos iniciar esa lucha”.
Para entender la vida en comunalidad se deben tomar en cuenta elementos como la confianza, la complementariedad, la reciprocidad, la hermandad y la fiesta. Para las comunidades zapotecas de esta región, el trabajar en equipo y apoyarse en diversas actividades, mediante el tequio, les proporciona bienestar. El tequio es una práctica comunitaria que mediante el quehacer o servicio (sin remuneración económica), que cada ciudadano otorga a la comunidad, se realizan obras en beneficio de todos; como escuelas, sistemas de abastecimiento de agua, limpieza de caminos. Esta forma de vida no es nueva, es más bien algo intrínseco a la cosmovisión de los pueblos indígenas-campesinos; algo heredado de sus ancestros. Sin embargo, con la influencia del mundo occidental y los constantes embates de la privatización, sumados a la penetración de medios de comunicación basados en principios de mercado, esta cosmovisión se fue distorsionando, razón por la cual comunidades como Santa Catarina Lachatao buscan recuperar los valores trastocados y rescatar el equilibrio armonioso entre seres humanos y naturaleza.
Parafraseando al maestro Martínez Luna, la comunalidad es la ideología, pensamiento y acción que ha permitido a las comunidades enfrentar y resolver retos y problemas que la historia les ha deparado. Para él, la comunalidad es “sabiduría viva que facilita a todos convivir y colaborar en una colectividad al servicio de todos”.
La importancia de entender y preservar este modo de vida, dice Martínez Luna, “estriba en que en el futuro la sobrevivencia y trascendencia de los pueblos antiguos, con respecto al actuar del mundo que los rodea, descansará en mantener la resistencia-adecuación de este modo de ser comunitario (…), pues se sabe que los valores fundamentales de la sociedad occidental descansan en el individualismo”. 

sábado, 16 de marzo de 2013


Ecología, espiritualidad y conocimiento

23/01/13 Por Víctor M. Toledo
¿Bajo qué fórmula secreta 200 mil hogares japoneses logran garantizarse un abasto directo de alimentos sanos provenientes de productores orgánicos?
¿Por qué Cuba, la roja, se está volviendo verde? ¿Qué hizo posible que en el país más extenso del mundo, los indígenas inuit se volvieran los legítimos dueños de la quinta parte del territorio canadiense? ¿Cómo surgieron 130 mil fincas de agricultura orgánica en Europa? ¿Por qué poetas como Octavio Paz, multimillonarios como Douglas Tompkins, teólogos como Leonardo Boff, políticos como Misael Gorvachov, o artistas como Maurice Béjart, reconocieron en la defensa del planeta la empresa suprema? ¿Por qué los campesinos de Centroamérica o los “sin tierra” de Brasil se están volviendo militantes de la agroecología?¿Alguien logró anticipar lo que hoy hacen unas 2 mil comunidades rurales en México, artífices de innovadores proyectos de inspiración ecológica? ¿Qué hizo a más de un millón de argentinos desechar la moneda y reinstalar el trueque?
Estas preguntas no parecen tener una misma respuesta. Y sin embargo, son inercias que responden a un impulso común. Hoy en el mundo una nueva fuerza (¿ideológica?, ¿política? ¿espiritual?) se despliega como un proceso silencioso y profundo, como una reacción en cadena frente a la degradación del mundo mercantilizado y deshumanizado. Son las expresiones, minúsculas pero tangibles, de una nueva ciudadanía planetaria, los preludios de una civilización cualitativamente diferente, los esperanzadores cimientos de una “modernidad alternativa”. Sus “filosofías políticas” no parecen moverse ya dentro de la geometría convencional de izquierdas y derechas, y dado que surgen como ex-8. ECOLOGÍA, ESPIRITUALIDAD, CONOCIMIENTO 64 periencias fundamentalmente civiles se hallan por fuera de las complicadas discusiones entre los apóstoles del Estado y los adoradores del mercado. Son, en el fondo, reacciones de la ciudadanía organizada, frente al proceso de globalización perversa que el “sueño neoliberal” pretende imponer por todos los rincones del planeta. Es el renacer de la utopía: la búsqueda y construcción de una sociedad sustentable.
Muy poco se ha documentado de estos nuevos movimientos sociales, y mucho menos se sabe de los resortes que los mueven. A pesar de su enorme heterogeneidad y versatilidad, su principal rasgo es que son iniciativas realizadas por actores dotados de una cierta “conciencia de especie”, de una nueva ética por la solidaridad con los otros seres humanos, con el planeta y con quienes lo habitan. Una conciencia que reconoce tanto los límites de la naturaleza como los abusos cometidos contra ella, y que por lo tanto vive preocupada por la supervivencia de la humanidad y de su entorno. Y es que hoy en día, la sociedad ya no puede ser pensada sin la naturaleza, y la naturaleza ya no puede ser visualizada sin la sociedad. Los tres siglos de industrialización que nos han precedido han subsumido los procesos naturales en los procesos sociales y viceversa.
Hoy, la sociedad global está impactando y desequilibrando varios de los principales ciclos y procesos de la naturaleza, y estamos ya ante lo que U. Beck (1998) ha llamado la “sociedad del riesgo.” Los desusados eventos climáticos de la última década (incluyendo huracanes, inundaciones, sequías e incendios forestales), los impactos de los contaminantes industriales sobre la salud y los alimentos, los agujeros en la atmósfera y los nuevos organismos genéticamente modificados introducidos en la agricultura dan fe de ello. El ensanchamiento de la brecha que separa a los sectores y países ricos de los conglomerados marginados y explotados del mundo y la degradación de los más esenciales valores humanos, son otros elementos que contribuyen a incrementar la peligrosidad del mundo actual.
Pero no sólo de ambientalismo se están nutriendo estos nue65 vos movimientos sociales. Su otra gran fuente de inspiración, explícita o no, proviene de los enclaves menos integrados y modernos del orbe, de las olvidadas reservas civilizatorias de la humanidad: los pueblos indios. Estas culturas indígenas, hablantes de unas 5 mil lenguas diferentes, no sólo conforman la diversidad cultural del género humano, sus territorios se consideran estratégicos porque coinciden con las áreas biológicamente más ricas del planeta (Toledo, 2000). En muchos casos son dueños, además, de enormes extensiones de bosques o selvas, o de las fábricas del agua que, kilómetros abajo, es utilizada en las ciudades y en la industria.
Su principal aporte sin embargo es ideológico y espiritual. Los pueblos indios mantienen una visión del mundo de la que la percepción racionalista y utilitaria que prevalece en los espacios industriales ya no dispone. Para las culturas indígenas la naturaleza no sólo es una respetable fuente productiva, es el centro del universo, el núcleo de la cultura y el origen de la identidad étnica.
Y en la esencia de este profundo lazo prevalece la percepción de que todas las cosas, vivas y no vivas, están intrínsecamente ligadas con lo humano. Por lo anterior, cada día un número mayor de pueblos indígenas se lanza a jugar los juegos de la ecología política, y recíprocamente cada vez más contingentes de ambientalistas, conservacionistas y de consumidores verdes, ponen sus esfuerzos en las luchas por la defensa de la cultura, la autogestión comunitaria y los territorios de aquellos. Ecología e indianidad, lejos de ser movimientos reivindicativos dispares, tejen y entretejen los principios de una misma utopía, alimentando de paso la perspectiva de una modernidad diferente.
Y no sólo de espiritualidad y de reverencia por la tradición, el recuerdo y el mundo natural, se están alimentando estás nuevas corrientes. También de un nuevo tipo de conocimiento científico, técnico y humanístico, más flexible, menos etéreo y más terrenal, mucho más determinado por las necesidades de la gente, menos condicionado por las élites científicas, o como diría A. Koestler (1981), por los “cavernícolas académicos.” 66 Y es que en el fragor de las luchas sociales, un nuevo ejército de científicos (naturales y sociales), técnicos, humanistas, educadores, pedagogos y filósofos han irrumpido, a veces con violencia epistemológica, en el actual escenario de los conocimientos (véase Feyerabend, 1982; Thuillier, 1990; Morin, 2001; Funtowicz y Ravetz, 1993; Leff, 2000). Y son ellos los que están rompiendo el monopolio de la cultura, subvirtiendo los cánones de la ortodoxia teórica y metodológica, atreviéndose a transitar por los nuevos senderos que marca el sentido común, denunciando la corrupción moral de las instituciones y de los científicos al servicio de la guerra y del mercado, ensuciando la actividad reflexiva en los lodos de la construcción alfarera de una nueva utopía.
La batalla no es sólo epistemológica, también es de política científica y tecnológica, y en fin de proyectos y de instituciones. Si en 1992, durante la “Cumbre de la Tierra” en Río de Janeiro, el mundo se estremeció con la presencia paralela de cerca de 9,000 organizaciones sociales de 167 países que llevaron hasta las playas de Flamengo a 25,000 militantes buscadores de una “modernidad alternativa” (este impulso logró conectar temporalmente por internet a 17,000 organismos de todo el mundo), diez años después el Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre concentró a más de 50,000 participantes de todo el planeta, en la búsqueda de una sociedad diferente, en la construcción de una nueva utopía. Y es que como afirma Tomás R. Villasante (1995) “…todos los sistemas imperiales o globales que han existido siempre han incubado en su interior experiencias alternativas que les han llevado, antes o después, a otras alternativas de sociedad.” Ecoportal.net
Del libro ECOLOGIA, ESPIRITUALIDAD Y CONOCIMIENTO -de la sociedad del riesgo a la sociedad sustentable-
Disponible en formato PDF en:
http://www.ambiente.gov.ar/infotecaea/descargas/toledo01.pdf