lunes, 19 de agosto de 2013

Consumismo Versus Consumo

Aparentemente, el consumo es un hecho banal, incluso trivial. Todos lo hacemos a diario, en ocasiones de manera celebratoria, cuando ofrecemos una fiesta, festejamos un acontecimiento relevante. Pero la mayor parte del tiempo consumimos de hecho, se diría que rutinariamente y sin demasiada planificación y sin pensarlo dos veces.

En realidad, si se lo reduce a su forma arquetípica en tanto ciclo metabólico de ingesta, digestión y excreción, el consumo es una condición permanente e inamovible de la vida y un aspecto inalienable de ésta, y no está atado ni a la época ni a la historia. Desde ese punto de vista, se trata de una función imprescindible para la supervivencia biológica que nosotros, los seres humanos, compartimos con el resto de los seres vivos, y sus raíces son tan antiguas como la vida misma.
Se ha sugerido (y de esta sugerencia se habla en el resto de este capítulo) que miles de años después se produjo un punto de quiebre que merecería el nombre de “revolución consumista”, con el paso del consumo al “consumismo”, cuando el consumo, como señala Colin Campbell, se torna “particularmente importante por no decir central” en la mayoría de las personas, “el propósito mismo de su existencia”, un momento en que “nuestra capacidad de querer, de desear, y de anhelar, y en especial nuestra capacidad de experimentar esas emociones repetidamente, es el fundamento de toda la economía” de las relaciones humanas.
Se puede decir que el “consumismo” es un tipo de acuerdo social que resulta de la reconversión de los deseos, ganas o anhelos humanos (si se quiere “neutrales” respecto del sistema) en la principal fuerza de impulso y de operaciones de la sociedad, una fuerza que coordina la reproducción sistémica, la integración social y la formación del individuo humano, así como también desempeña un papel preponderante en los procesos individuales y grupales de autoidentificación, y en la selección y consecución de políticas de vida individuales. El “consumismo” llega cuando el consumo desplaza al trabajo de ese rol axial que cumplía en la sociedad de productores.
Mary Douglas insiste: “mientras no sepamos por qué y para qué la gente necesita lujos [vale decir, bienes más allá de los indispensables para la supervivencia] no estaremos tratando los problemas de la desigualdad ni remotamente en serio”.
A diferencia del consumo, que es fundamentalmente un rasgo y una ocupación del individuo humano, el consumismo es un atributo de la sociedad. Para que una sociedad sea merecedora de ese atributo, la capacidad esencialmente individual de querer, desear y anhelar debe ser separada (“alienada”) de los individuos (como lo fue la capacidad de trabajo en la sociedad de productores) y debe ser reciclada/reificada como fuerza externa capaz de poner en movimiento a la “sociedad de consumidores” y mantener su rumbo en tanto forma específica de la comunidad humana, estableciendo al mismo tiempo los parámetros específicos de estrategias de vida específicas y así manipular de otra manera las probabilidades
de elecciones y conductas individuales.
Todo esto sigue sin decir mucho acerca del contenido de la “revolución consumista”. Debemos enfocar nuestra atención en eso que “queremos”, “deseamos” y “anhelamos”, y en cómo la esencia de nuestras ganas, nuestros deseos y aspiraciones va cambiando como consecuencia del pasaje hacia el consumismo.
Se suele pensar, aunque quizás incorrectamente, que aquello que los hombres y mujeres moldeados por una forma de vida consumista desean y anhelan con mayor intensidad es la apropiación, posesión y acumulación de objetos, cuyo valor radica en el confort o la estima que, según se espera, proporcionarán a sus dueños.
La apropiación y posesión de bienes que aseguren (o al menos prometan) confort y estima bien puede haber sido el principal motivo detrás de los deseos y las aspiraciones en la sociedad de productores, una sociedad abocada a la causa de la estabilidad de lo seguro y de la seguridad de lo estable, y que confiaba su reproducción a patrones de conducta individual diseñados a esos fines.
De hecho, la sociedad de productores, principal ejemplo societario de la fase “sólida” de la modernidad, estaba orientada fundamentalmente a la obtención de seguridad. La búsqueda de seguridad apostaba al anhelo intrínsecamente humano de un marco seguro y resistente al tiempo, un marco confiable, ordenado, regular y transparente y por lo tanto perdurable. Ese anhelo fue una excelente materia prima para la construcción de estrategias de vida y patrones de comportamiento indispensables en aquella era de “la cantidad es poder” y “lo
grande es bello”. En esa época, un enorme volumen de posesiones sólidas, grandes, pesadas e inamovibles aseguraban un futuro promisorio y una inagotable fuente de confort, poder y estima personales.
Obviamente todo esto tenía sentido en la moderna sociedad sólida de los productores. Una sociedad, me permito repetir, que apostaba a la prudencia y la circunspección, a la durabilidad y a la seguridad, y sobre todo a la seguridad a largo plazo. Pero el deseo humano de seguridad y sus sueños de un “estado estable” definitivo no sirven a los fines de una sociedad de consumidores.
En el camino que conduce a la sociedad de consumidores, el deseo humano de estabilidad deja de ser una ventaja sistémica fundamental para convertirse en una falla potencialmente fatal para el propio sistema, causa de disrupción y mal funcionamiento. No podía ser de otra manera, ya que el consumismo, en franca oposición a anteriores formas de vida, no asocia tanto la felicidad con la gratificación de los deseos (como dejan traslucir las “transcripción es oficiales”) sino como un aumento permanente del volumen y la intensidad de los deseos, lo que a su vez desencadena el reemplazo inmediato de los objetos pensados para satisfacerlos y de los que se espera satisfacción. Como lo expresa tan adecuadamente Don Slater, combina deseos insaciables con la urgencia de “buscar siempre satisfacerlos con productos”.
Las necesidades nuevas necesitan productos nuevos. Los productos nuevos necesitan nuevos deseos y necesidades. El advenimiento del consumismo anuncia una era de productos que vienen de fábrica con “obsolescencia incorporada”, una era marcada por el crecimiento exponencial de la industria de eliminación de desechos.

Fuente: Zygmunt Bauman, Vida de consumo, Trad. de M. Rosenberg y J. Arrambide, FCE, México, 2007, pp.44-51.
Zygmunt Bauman (nació el 19 de noviembre en Poznan, Polonia) actualmente es profesor emérito de la Universidad de Leeds y ha dictado cátedra de sociología en universidades
de países como Israel, Estados Unidos y Canadá. Es reconocido como “uno de los principales referentes en el debate sociopolítico contemporáneo y uno de los pensadores más audaces y provocadores”. De su más reciente producción bibliográfica, se cuentan: Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias (2005),Vida líquida (2006) y Vida de consumo (2007). A esta última corresponden los fragmentos que aquí se reproducen.

Podemos ser sustentables, pero... ¿queremos?


Se dice que el Planeta está en crisis, pero esto es solo una verdad a medias, La Tierra solo está experimentando cambios en su superficie, en gran parte debido a la acción humana, pero no va a desaparecer. La verdadera crisis está en nuestra civilización, en nuestra forma de vida. Se requiere empezar a pensar en alternativas viables y comenzar a introducirlas en la práctica. En definitiva, construir las bases de una nueva civilización, asentada en el uso sostenible de los recursos naturales.
Se dice que el Planeta está en crisis, pero esto es solo una verdad a medias, La Tierra solo está experimentando cambios en su superficie, en gran parte debido a la acción humana, pero no va a desaparecer. La verdadera crisis está en nuestra civilización, en nuestra forma de vida.
Si bien la especie humana ha aumentado enormemente en cantidad de individuos, ese crecimiento por si mismo no debería ser un problema, ya que también contamos con las herramientas y conocimientos como para que toda esa población tenga una buena calidad de vida, sin necesidad de comprometer los recursos naturalespara las generaciones futuras.
Tenemos los conocimientos y la tecnología para producir alimentos y energía de forma sustentable. También para utilizar y reciclar el agua potable de modo que esta no se agote. Se podría, entonces satisfacer el consumo total de productos y servicios si este fuera ser mas racional. Además, claro, para reducir, reutilizar y reciclar nuestros deshechos de forma tal que dejen de provocar un colapso ambiental en las cercanías de cada ciudad. En definitiva, podríamos reducir drásticamente el impacto ambiental de nuestras actividades, sin que esto significara volver a la época de las cavernas, como dicen nuestros detractores, que pretendemos hacer los ecologistas.
El problema se encuentra en la forma en la que se ha desarrollado nuestra civilización, en los medios y tecnologías que se vienen utilizando y en la forma en la que se ha ido organizando. Lo que ha primado hasta ahora no es la sustentabilidad de los recursos, sino la generación de nuevas necesidades de consumo, con el fin de aumentar las ventas y por consiguiente los beneficios económicos de las empresas que los producen. Y para aumentar aún mas esos beneficios, se reducen al máximo los costos, lo que también significa deterioro de la salud y bienestar de la población, contaminación y destrucción evitable de ecosistemas.
Desequilibrios ecológicos tales como el calentamiento global, son consecuencia directa de la sobre explotación de los recursos naturales, en este caso en particular especialmente de los recursos fósiles, y afecta a todas las regiones del mundo. Pero sus peores efectos se sienten más intensamente en las zonas más deprimidas y dentro de ellas en los sectores empobrecidos. Y esto, va empeorando rápidamente.
Sobre lo que no quedan dudas, es que se trata de una crisis estructural, una crisis del modelo de desarrollo que ha prevalecido en el planeta y se ha acentuado en las últimas décadas. Esto exige un replanteamiento de parámetros, un cambio profundo y no mas soluciones parciales.
En América Latina las resistencias al modelo han sido y son muy numerosas. Se encuentran en todos los sectores populares: campesinos, obreros, pueblos indígenas, afrodescendientes, movimientos ecologistas, mujeres y, jóvenes y otros.
Pero la época de la resistencia, va dejando lugar a una nueva etapa, la del planteo y puesta en marcha de nuevas alternativas.
Se requiere empezar a pensar en alternativas viables y comenzar a introducirlas en la práctica para que el cambio de modelo no sea tan drástico, para que el colapso final del capitalismo nos encuentre preparados.
En definitiva, construir las bases de una nueva civilización, asentada en el uso sostenible de los recursos naturales, que pueda ofrecer respuestas a las necesidades de los pueblos, incluyendo a todas las culturas, saberes, filosofías y religiones, para que cada una ofrezca su aporte propio a la construcción social nueva.
Este proceso se encuentra en marcha y sobre él apoyamos muchas de nuestras expectativas de que un mundo mejor, es posible.
* Ricardo Natalichio

martes, 30 de julio de 2013

PARA PENSAR

"Si piensas que eres demasiado pequeño para causar impacto, intenta dormir con un mosquito en la habitación." 
Anita Roddick 

EL NUEVO ORDEN MENTAL



Si observamos con detenimiento, el sistema está muy bien resguardado en todos y cada uno de sus rincones. Poco a poco ha ido estableciendo un 'Nuevo Orden' que ya no sólo controla lo político, lo económico, o lo social; también controla nuestra mente. Llegó a nuestras conciencias en mucha mayor medida de la que imaginamos. Y es ahí donde se ha instalado, velando por sí mismo. Es por esto que incluso en un momento como el actual, en el que cada vez nos queda más claro que este sistema no nos lleva a nada bueno, sigue habiendo el mismo miedo a un cambio.
Ha pasado ya tiempo desde que comenzamos a vivir tal y como lo hacemos ahora. Un modelo centrado en: máxima producción al mínimo coste y consumo ilimitado para generar ‘crecimiento’ infinito. ¿Qué buscamos con esto? Tener el mayor lucro posible, en el menor tiempo.
A pesar de ello una parte considerable de la sociedadtodavía no sabe que nuestro modo de vivir forma parte de un sistema concreto, una opción elegida entre otras muchas. Tantas como podamos imaginar. Incluso hay quien va más allá pensando que las opciones a elegir son el caos absoluto, o aquello que tenemos ahora. Esta preocupante simplificación aflora de manera automática cuando se cuestiona nuestro modo de vida. La visión mayoritaria es que un sistema diferente al actual equivale a violencia, desorden, pánico… y a perder todas nuestras posesiones.
Si observamos con detenimiento, el sistema está muy bien resguardado en todos y cada uno de sus rincones. Poco a poco ha ido estableciendo un 'Nuevo Orden' que ya no sólo controla lo político, lo económico, o losocial; también controla nuestra mente. Llegó a nuestras conciencias en mucha mayor medida de la que imaginamos. Y es ahí donde se ha instalado, velando por sí mismo. Es por esto que incluso en un momento como el actual, en el que cada vez nos queda más claro que este sistema no nos lleva a nada bueno, sigue habiendo el mismo miedo a un cambio.
Hace no demasiado tiempo, el destacado filósofo y psicólogo Erich Fromm, mostraba su visión presente y futura del ser humano transformado en un Homo Consumens. Un consumidor total, cuya única finalidad es tener más y usar más. Entre otras cosas, alegaba que la sociedad produce cada vez más cosas inútiles; y en igual proporción, cada vez más personas cuya vida está principalmente destinada a ser un eslabón más de la inercia consumidora. No le faltaba razón. Poco a poco vamos viendo crecer esa espiral en la que desde pequeños, se nos crea la necesidad de consumir compulsivamente. Y sobre todo, de consumir aquello que no necesitamos.
Frente a una publicidad constante orientada alconsumismo extremo, unos medios de comunicación que lo alimentan, o un poder empresarial y financiero centrado en que este modelo no cambie, de poco sirve explicar a unos y otros hacia dónde nos lleva esta dinámica de vida. Y a pesar de lo que pueda parecer, la solución no pasa por ningún tipo de acción radical. No se trata de ‘borrar del mapa’ el poder que nos domina y decide sobre nuestras vidas, sino de cambiar la mentalidad individualista y deshumanizada de donde parte este sistema tan injusto, tan desigual. Mientras no sea la sociedad la que cambie, podríamos desmantelar una y otra vez grupos de poder o gobiernos codiciosos, que volverían a ser sustituidos por otros con idéntica mentalidad. La desigualdad social tampoco se soluciona imponiendo a toda la población el mismo nivel de riqueza; sino con las mismas oportunidades, derechos y libertades para todas las personas. El consumismo no se vence a través del consumo ‘cero’; sino siendo conscientes de las consecuencias del consumo irracional, usando (cuando nos sea posible) medios de intercambio alternativos al dinero y consumiendo de forma ética y responsable. Por suerte poco a poco se va entendiendo este constructivo mensaje, aunque la presión ejercida para que seamos una sociedad codiciosa, obsesionada con el dinero y totalmente dependiente de cosas que no necesitamos, sea muy grande.
Se dice que estamos en una época transitoria, entre una etapa que se resiste a acabar y otra que no se decide a empezar. De nosotros depende acelerar ese proceso y dar paso a aquello que tanto demandamos. Pasemos de la protesta a la propuesta. Lo que puedas, donde puedas, cuando puedas; pero formando parte de la solución, no del problema. Claro que es posible.
Cultura de Solidaridad
www.culturadesolidaridad.org


sábado, 15 de junio de 2013


¡ MUY LINDO DÍA PARA TODOS LOS PAPÁS!



martes, 4 de junio de 2013

La fuerza curativa de la ecología interior

2009-01-16


  En tiempos de crisis como el nuestro buscamos fuentes de inspiración allí donde se encuentren Una de ellas es la ecología interior. Para evaluar su importancia debemos concienciarnos de que nuestra relación con la Tierra, por lo menos en los últimos siglos, está basada en falsas premisas éticas y espirituales: antropocentrismo, negación del valor intrínseco de cada ser, dominación de la Tierra, depredación de sus recursos. Tales premisas han producido el actual estado de enfermedad de la Tierra que repercute en la psique humana.
Así como existe una ecología exterior, existe también una ecología interior hecha de solidaridad, sentimiento de re-ligación con el todo, cuidado y amorización. Ambas ecologías están ligadas umbilicalmente. Es lo que se conoce como psicología ambiental o, en la expresión de E. Wilson, como biofilia. Su base no es sólo antropológica sino también cosmológica, pues el propio universo, según reconocidos astrofísicos, como Brian Swimme entre otros, tendría una profundidad espiritual. El universo no está solamente formado por el conjunto de objetos, sino por el tejido de relaciones entre ellos, haciéndolos sujetos que intercambian informaciones y se enriquecen.
A partir de la ecología interior, la Tierra, el Sol, la Luna, los árboles, las montañas y los animales no están solamente ahí fuera, viven en nosotros, como figuras y símbolos cargados de emoción. Las experiencias -buenas o traumáticas- que hayamos tenido con estas realidades dejaron marcas profundas en la psique. Esto explica la aversión hacia algunas o la afinidad que sentimos respecto a otras.
Tales símbolos configuran una verdadera ecología interior, cuyo código de descifrado constituyó una de las conquistas espirituales del siglo XX, con Freud, Jung, Adler, Lacan, Hillmann y otros. En lo más profundo de nosotros, según C.G. Jung, brilla el arquetipo de la Imago Dei, del Absoluto. Nadie trabajó mejor que Viktor Frankl esta dimensión que él llama inconsciente espiritual, y los modernos denominan mystical mind opunto Dios en el cerebro. En último término, ese inconsciente espiritual es expresión de la espiritualidad misma de la Tierra y del universo que irrumpe a través de nosotros, que somos la parte consciente del universo y de la Tierra.
Urge resucitar este espíritu de mutua pertenencia porque lo perdemos por el exceso de individualismo y de competición que subyacen bajo la crisis actual.
El sistema imperante saca de quicio el deseo de tener, a costa de otro deseo más fundamental, que es el de ser y el de elaborar nuestra propia singularidad. Esto exige capacidad de oponerse a los valores dominantes y de vivir ideales ligados a la vida, a su cuidado, a la amistad y al amor.
La ecología interior, también llamada ecología profunda (deep ecology), busca despertar el chamán que se esconde en cada uno de nosotros. Como todo chamán podemos entrar en diálogo con las energías que trabajan en la construcción del universo, desde hace 13.700 millones de años. Sin una revolución espiritual será difícil que salgamos de la actual crisis, que exige un nuevo contrato con la vida y con la Tierra. De lo contrario, seguiremos errantes y solitarios.


viernes, 24 de mayo de 2013


Alternativas “verdes” a los productos de limpieza

Muchos saben que los productos de limpieza que se encuentran en los supermercados contienen cantidades no menores de químicos tóxicos. Los detergentes producidos por la industria petroquímica son una gran fuente de deterioro del aire interior. Cada año entran al mercado (y a nuestros hogares) nuevas moléculas químicas que liberan toxinas en nuestra atmósfera interior, por lo que seguimos exponiéndonos a nuevas fuentes de contaminación química, no sólo vía el aparato respiratorio, sino también a través de nuestra piel.

 Según Environnement Canada “una exposición constante y a largo plazo a pequeñas cantidades de sustancias tóxicas presentes en los productos domésticos puede conllevar a diversos síntomas: dolores de cabeza, cansancio, congestión nasal, tos, estornudos, irritación de la piel, mareos, nauseas, irritación de los ojos, nariz y garganta”. Si bien en toxicología, se dice que es la dosis la que hace al veneno, una sustancia “peligrosa” en muy bajas concentraciones puede no ser un peligro grande para la salud. Sin embargo, los investigadores1 subrayan el hecho que “en la actualidad no se han realizado muchos estudios sobre los peligros reales o los efectos a largo plazo de la exposición a pequeñas cantidades de sustancias tóxicas y mucho menos sobre la interacción entre estas diversas sustancias. Por lo que es conveniente que limitemos nuestra exposición a los productos químicos sobre todo cuando existen alternativas”.

En esa misma línea de estudio, el IARC apoya sus últimos trabajos en relacionar algunos tipos de cánceres con nuestra forma de vida, entre ello, el uso de productos de limpieza que ingresan en el interior de nuestros hogares sustancias tóxicas como ser el formaldehido y compuestos orgánicos volátiles (COV) como el benceno y el butadieno 1,3, que pueden afectar especialmente a los niños.

Terminemos entonces con el uso indiscriminado de esos productos químicos, poco respetuosos del medio ambiente y de nuestra salud. Vayamos de a poco incorporando nuevas costumbres, aquí una lista de productos de limpieza alternativos y naturales:

Bicarbonato de sodio: EL imprescindible
El bicarbonato de sodio sirve para desodorizar, neutralizar la acidez, sacar manchas, pulir y suavizar la ropa. Sirve también para disolver las grasas, los azúcares, limpiar la cocina, el baño, bloquear los alérgenos de los ácaros presentes en las alfombras y demás textiles del hogar. Es un producto natural, completamente biodegradable, no tóxico para el medio ambiente ni la salud.

Para absorber los malos olores: El bicarbonato de sodio tiene un verdadero poder contra los malos olores ya que los neutraliza rápidamente. Para eliminar los malos olores en el refrigerador, clóset de ropa o de zapatos, coloque un platito con 3 cucharadas soperas de bicarbonato de sodio. Renueva cada dos meses.

Si su basurero huele mal, lávelo con agua caliente y jabón. Luego de haberlo secado, coloque en el fondo una capa de bicarbonato: los malos olores desaparecerán.

Para desodorizar su lavarropas agregue bicarbonato junto con la ropa, en el lavado.

Contra el olor a tabaco: En general son los textiles de la casa los que absorben el olor a tabaco, entonces si ha tenido en su casa una fiesta con fumadores siga estas instrucciones: rocíe su sofá con bicarbonato de sodio, deje actuar unos minutos y aspírelo. Si los olores persisten, sacuda un trapo mojado con vinagre de alcohol en toda la habitación.

Limpiar sin rayar: coloque bicarbonato directamente sobre una esponja húmeda y lave lavaplatos de acero inoxidable, bañera, ducha, grifos, cocinas, muebles de jardín e incluso platería. Enjuague y seque las superficies limpias.

Para destapar ductos de agua de lavamanos, duchas, etc.: diluya 3 cucharadas soperas de bicarbonato de sodio + 3 cucharadas soperas de sal fina. Vierta esa mezcla con 1 taza de vinagre de alcohol caliente en el ducto + agua hirviendo. Deje actuar y verá cómo se destapa su ducto. En caso de ductos muy tapados, utilice un sopapo para acelerar el proceso.

Nota: ¡cuidado que esa mezcla es burbujeante!

Reavivar los colores de las alfombras y tapices: esparza bicarbonato de sodio sobre su alfombra, tapiz o moqueta. Deje actuar por unas horas y aspire. Nota: antes de utilizar sobre toda la superficie, haga una prueba de resistencia de colores en una pequeña parte, no muy visible, de la alfombra.

El vinagre de alcohol:
La primera característica del vinagre de alcohol es su poder anti-sarro. Sin embargo no hay que olvidar sus propiedades antibióticas y antisépticas, por lo que desinfecta y destruye las bacterias. Es muy eficaz contra el moho ya que destruye sus esporas. Entre otras propiedades, podemos citar su carácter ácido que le permite neutralizar los productos alcalinos como jabones y detergentes, además de ser desodorizante (el fuerte olor del vinagre sale una vez que se seca completamente). Es totalmente biodegradable y no tóxico para el medio ambiente.

Para quitar el sarro del hervidor: coloque la misma cantidad de vinagre de alcohol y agua y hierva esa mezcla. Nota: reutilice esa mezcla hervida de vinagre y agua, para destapar ductos de agua (ver en uso del bicarbonato de sodio).

Como desengrasante: para lavar ollas y sartenes. Coloque 2cm de vinagre de alcohol en el fondo de su olla y hierva (recuerde tapar la olla ya que el olor del vinagre hirviendo no es muy agradable). Lave y enjuague.

Para sacar los olores que dejan las mascotas en el piso: limpiar el piso con vinagre de alcohol mezclado con agua (excepto en pisos de mármol u otros granitos). Nota: El olor del vinagre se va una vez que se seca. Otra solución para mejorar el olor es agregar 10 gotitas de esencia de limón, naranja, tomillo o eucalipto a la mezcla de vinagre con agua.

Los cítricos son muy interesantes de utilizar por sus poderes anti-grasa y anti-bacteriano. Se utilizan su jugo, cáscara (sin la parte blanca) o su aceite esencial, dependiendo de la ocasión.

Para combatir malos olores en la cocina: si ha dejado una pizza en el horno y el olor a quemado es insoportable, hierva algunas rodajas de limón en un litro de agua y déjelo unas horas en la cocina.

Algunas comidas, como el pescado o la carne tienen un olor muy fuerte, para evitar que esos olores duren todo el día, queme en su horno cáscaras de naranja y deje la puerta del horno abierta hasta que salga el olor.

Para desodorizar el refrigerador, coloque medio limón en la puerta del refrigerador, absorberá todos los olores.

Para quitar los olores a pescado o ajo sobre un cuchillo, frótelo con un medio limón.

Para darle brillo al acero inoxidable, plata, acero: deje remojar lo que desea lavar en una mezcla de 1 parte de jugo de limón por 5 partes de agua, durante unos minutos. Enjuague con agua caliente y seque.

Para lavar las juntas de cerámica del baño o cocina: mezcle una parte de bicarbonato de sodio con una parte de jugo de limón hasta formar una mezcla. Deje actuar unos minutos, cepille y enjuague abundantemente.

Fabrique una crema de cítricos para limpiar su baño: mezcle 8 cucharadas soperas de bicarbonato de sodio + 3 cucharadas soperas de vinagre de alcohol + 5 gotas de aceite esencial de pomelo + 5 gotas de aceite de limón. Agite antes de utilizar.

Anti-sarro en el baño: lave la bañera con medio limón.

Para blanquear la ropa: utilice el jugo de dos limones mezclado con un litro de agua hirviendo, deje remojar. Para la ropa blanca de algodón exclusivamente: mezclar en una cacerola agua, jabón de lavar (tipo Popeye o jabón de coco) y una rodaja de limón + el jugo de un limón. Dejar remojar. Lavar después normalmente en lavadora.

Anti-grasa: utilice jugo de limón sobre una esponja húmeda.

Lavar las ventanas: humidificar el papel de diario con gotitas de aceite esencial de pomelo.

Plancha: cortar un limón por la mitad, coloque sal sobre el medio limón y frote con él la plancha. Enjuagar con un trapo húmedo y secar.

Como repelente para las hormigas: coloque cáscaras de limón o naranja en el sendero que frecuentan las hormigas.

Las otras propiedades de la sal fina

La sal fina es conocida por su poder de limpieza. Cuidado con las superficies delicadas ya que las puede rayar (a diferencia del bicarbonato que restriega sin rayar). Es un buen antiséptico por lo que se utilizaba antiguamente para conservar las comidas (hoy en día aún se utiliza la salmuera para conservar algunos alimentos).

Para limpiar una tabla de cortar: prepare una mezcla con parte igual de sal y bicarbonato de sodio + agua. Refriegue la tabla (ya sea esta de madera o silicona), enjuague con agua y deje secar.

Contra las manchas de moho: mezcle una taza de vinagre de alcohol con 3 cucharadas soperas de sal fina. Cepille las partes manchadas con moho, enjuague con abundante agua. Nota: No utilice esa mezcla sobre superficies delicadas (mármol, granito, aluminio, etc.) ya que la sal raya.

Limpiar muebles de mimbre: cepille sus muebles con agua salada y verá cómo recuperarán su belleza.

Limpiar el cobre: mezcle la misma proporción de sal fina + harina + vinagre de alcohol. Con ayuda de un paño pase esa mezcla sobre sus ollas de cobre (u otro objeto de cobre), enjuague con agua levemente jabonada.

Para los amantes del café:

Si a Ud. le gusta tomarse un buen café sepa que el residuo del café tiene diversos usos.
Para la limpieza: al ser abrasivo, el café permite limpiar objetos grasientos o con manchas rebeldes. Para ello, mezcle café con agua caliente y refriegue con un cepillo.
Para lavarse las manos: los mecánicos que se manchan las manos con aceite, utilizan una mezcla de café con lavalozas para lavarse las manos y quitar la grasa.

Limpieza y mantenimiento de ductos de agua: mezcle café con agua caliente y viértalo en el ducto tapado.

Para pulir muebles de madera oscura: remoje café en agua tibia y coloque esa mezcla sobre las zonas dañadas del mueble de madera.

Para limpiar la chimenea: para quienes deben retirar cenizas del hogar y quieren evitar que las cenizas vuelen por toda la casa, basta con rociar café encima de las cenizas antes de recogerlas. De esa manera no volarán por todos lados.

Para ahuyentar gatos y hormigas: mezcle café con cáscaras de naranjas y colóquelas alrededor de la zona que quiera proteger de los gatos. A los gatos no les gustan el olor a café, ni tampoco el olor de los cítricos por lo que no querrán acercarse a esa zona. Del mismo modo, a las hormigas tampoco les gusta la acidez del café.

Repelente de pulgas: mezcle restos de café con el champú que utiliza para lavar su mascota. Masajee bien para que el producto penetre, así evitará que las pulgas se acerquen a su mascota y al mismo tiempo mantendrá brillante el pelo de su mascota.

Como abono: el café es un excelente fertilizante (contiene nitrógeno, potasio, magnesio, fósforo y cobre). Mézclelo con la tierra de sus plantas o en su compost para mejorar la producción de abono. No lo distribuya en superficie ya que formará una costra impermeable al riego. Sugerencia: la mejor época del año para utilizar así el café es en otoño, mezclado así a la tierra tiene varios meses para entregar sus nutrientes antes de la primavera.

Los otros usos de las cáscaras de huevo

Las cáscaras de huevo son ricas en carbonato de calcio (95%), así como contienen pequeñas proporciones de carbonato de magnesio y otras materias orgánicas como proteínas. Por ello pueden ser utilizadas en el jardín, la limpieza o la decoración.

Para lavar su ropa: las cáscaras de huevo son un buen blanqueador de ropa, coloque cáscaras de huevo en un viejo calcetín (sin olvidar de hacer un buen nudo) y coloque el calcetín junto con su ropa. Sirve para 3 o 4 lavado. Después está bien triturada para ser utilizada en el jardín (ver uso de las cáscaras de huevo en el jardín).

Para limpiar termos o floreros: mezcle cáscaras de huevos con lavalozas y agua, y lávelos. Esa misma mezcla puede utilizarse también para limpiar a fondo ollas y sartenes. Nota: para un uso más fácil utilice las cáscaras trituradas.

Para manchas muy rebeldes en la loza: mezcle cáscaras de huevos trituradas con vinagre de alcohol y verá cómo se eliminan las manchas rebeldes de su loza.

En el jardín: mezcle las cáscaras de huevo trituradas en su compost para mejorarlo. Triturado muy fino, y mezclado a la tierra es un buen abono para las plantas de interior y exterior. Colocado al pie de las plantas, evitará que las babosas, los caracoles y los gusanos invadan sus plantas.